Palestina, la otra frontera

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Palestina, la otra frontera

Quizá muchos prefieran invertir dinero y tiempo en conocer algún país de Europa o de Latinoamérica, ya que se piensa en Palestina como un país en constante conflicto.

La entrada a este país puede resultar una experiencia un poco incomoda si no se está familiarizado con los controles en los aeropuertos. Aterrizar en Israel (que es la única forma de entrada a Palestina), puede no ser garantía de entrar al mismo, porque el personal de migración y autoridades policiacas usualmente interrogan a los viajeros sobre cuestiones como ¿Uno viaja solo o acompañado?, ¿Cuál es el propósito del viaje?, ¿Cuánto tiempo? y ¿En dónde se planea estar?, si es que uno tiene amigos o conocidos en el país; preguntas de rutina que dependiendo del viajero puede llevar desde unos minutos hasta un par de horas.

Al final, si es que se obtiene el permiso de entrada, puedes disfrutar de hasta 90 días en éste país… por supuesto, ¡como turista!

No es buena idea mencionar trabajos de voluntariado, mucho menos como periodista; a veces es mejor saber mentir un poco y tener bien preparado un discurso para poder burlar de alguna forma a las autoridades migratorias.

Al llegar, confieso que sentí un poco de inseguridad no solo por todo el personal militar, policiaco y civil que está en servicio o fuera de él y que más aún, camina libremente con armas semiautomáticas por los espacios públicos, autobuses y/o restaurantes; sino por todas las noticias que había visto a lo largo de años en las cuales se hablaban de los atentados que cometían los Palestinos en contra de objetivos Israelíes.

El trayecto de Tel Aviv a Jerusalén toma aproximadamente una hora y desde ese momento se puede observar el trabajo de ocupación de los asentamientos de las colonias Israelíes en el territorio Palestino y el gran muro que aún sigue en construcción. Después se toma un autobús que es la forma más económica de Jerusalén a Bethlehem, el cual tarda cerca de 45 minutos en trasladarte, dependiendo si el camino no tiene inconvenientes en uno de los Checkpoints instalados en el país como forma de prevención que los Palestinos que no estén autorizados puedan entrar a zonas donde vive la población Israelí. En este caso cuando se viaja en dirección Jerusalén-Bethlehem no hay tanto problema, porque en su mayoría son turistas y Palestinos los que viajan en ese autobús, entonces no resulta tan probable que exista un “ataque” en estos autobuses, muy diferente cuando el mismo autobús viaja de los Territorios Palestinos a alguna ciudad Israelí; en esta circunstancia es donde todos los ciudadanos Palestinos tienen que bajar del autobús y son sometidos a una revisión de los motivos que los llevan a una ciudad Israelí y si cuentan con el permiso necesario emitido por alguna autoridad de ese país; en caso de no ser muy claro o no convencer a las autoridades el pasajero no podrá volver a abordar el transporte y deberá de regresar a su punto de origen; mientras tanto los extranjeros y Palestinos que por razones de movilidad no puedan descender del autobús son revisados, ya sea por medio de un pasaporte para demostrar su nacionalidad o también un permiso. Esta revisión la hace un grupo de entre cuatro y cinco soldados, todos ellos muy jóvenes.

Al llegar a territorio Palestino, el panorama cambia drásticamente en cuanto a las viviendas. Las carreteras y la vestimenta de las personas, de alguna forma se siente uno más en casa, incluso en mi caso, más seguro, a pesar de que parece ser un caos el tráfico, el bullicio y toda esa mezcla de olores y colores se puede adaptar rápidamente al lugar, porque la gente es amistosa y está dispuesta a ayudar al otro, algo que me hizo sentir más en casa.

Los días pasan rápido estando tan cómodo, conviviendo con gente con la que de alguna forma se tiene tanto en común en algunas costumbres, incluso hábitos alimenticios. De alguna forma es muy fácil hacer amistades reales, aunque a veces el idioma puede ser un obstáculo, al final las personas encuentran la forma de conectarse entre sí.

Y sí, la sensación de peligro se desvanece rápidamente, uno puede sentir que ya lleva años viviendo en ese lugar aunque solo hayan transcurrido un par de semanas, incluso parece un lugar en donde cualquier persona sin importar sus orígenes podría asentarse y hacer una vida, aunque cada vez que se escucha por los altavoces de las Mezquitas los llamados a la oración, te hace recordar el lugar donde se está.

Cada viernes después del Adhan (llamado a la oración), hecha por el almuedano desde el minarete de las distintas mezquitas, los Palestinos acuden muy cerca del muro de separación en protesta por el mismo. Normalmente son jóvenes y niños los que acuden a lanzar piedras o botellas con pintura y prendiendo fuego a algunos contenedores de basura, los israelíes responden con descargas de gas lacrimógeno y granadas aturdidoras con el fin de disipar a los manifestantes y esto no suele ser suficiente, al contrario, este tipo de acciones hace que los Palestinos continúen con sus ataques en clara desventaja, ya que la siguiente fase de “defensa” de las Israeli Defense Forces (IDF) o Fuerzas de Defensa Israelí, es atacar con balas de gomas y descargas aún más intensas de gas lacrimógeno, el cual es realmente fuerte y se ha demostrado que los efectos a largo plazo de estar expuesto a éste gas es el desarrollo de algún tipo de cáncer.

En ocasiones los vehículos de las defensas israelís dejan la seguridad detrás del muro y se adentran a los barrios y campos de refugiados Palestinos para hacer detenciones arbitrarias, sin importar incluso si son niños, avalados por un concepto que se llaman detenciones administrativas, el cual aún no ha quedado muy claro cual es el marco legal del mismo, pero de estas detenciones puede resultar una condena que puede ir desde unas semanas hasta años.

En ocasiones pueden hacer uso de personal entrenado como un francotirador, así como de dispersar a la multitud con camiones con cañones de agua del drenaje, en este punto no sé qué prefiero, si inhalar varias veces gas o bañarme en agua de drenaje; al final éste recurso me resulta indignante y degradante porque atenta a la dignidad del ser humano.

Al final los Palestinos siguen con su vida normalmente, aunque sigan en constante ocupación por Israel, con el bloqueo de la franja de Gaza, compartiendo fronteras con Líbano y Siria. Éste no es un país en guerra, es un país que día a día lucha por el derecho de regresar a su tierra donde generaciones atrás habían vivido, es un pueblo que lucha para evitar que sistemáticamente se le intente borrar del mapa, junto con todas sus tradiciones y derechos.

Texto y Fotos: Gerardo Flores.